¿EN QUE CREEMOS?
En Relevante, afirmamos que la fe cristiana auténtica no se reduce a un conjunto de doctrinas sistemáticas, sino que se manifiesta en una vida transformada, centrada radicalmente en Jesucristo, guiada por la presencia viva del Espíritu Santo, cimentada en la autoridad infalible de la revelación bíblica, y vivida con firmeza espiritual, integridad moral y vocación misionera. Creemos que una teología encarnada lleva a una praxis coherente, y que toda sana doctrina debe desembocar en una vida de obediencia gozosa y de adoración integral. A continuación, presentamos una exposición de los pilares doctrinales que sustentan nuestra confesión de fe:
Desarrollo teológico: El Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad eterna, plenamente Dios, coigual con el Padre y el Hijo (Mateo 28:19). Su obra no se limita al ámbito emocional, sino que abarca todo el proceso de regeneración, santificación, dirección y consolación del creyente. Jesús prometió Su venida como el Consolador que estaría con nosotros para siempre (Juan 14:16-17).
Él convence al mundo de pecado, justicia y juicio (Juan 16:8), regenera al creyente (Juan 3:5-6), lo sella como propiedad de Dios (Efesios 1:13-14), y distribuye dones espirituales según Su soberana voluntad (1 Corintios 12:4-11). Produce fruto espiritual como evidencia del carácter de Cristo (Gálatas 5:22-23) y capacita al creyente para vivir una vida santa, testificar con poder (Hechos 1:8), y resistir la tentación.
Desarrollo teológico: Según Génesis 1:26-27, el ser humano fue creado a imagen y semejanza de Dios, con capacidad relacional, moral y espiritual. Sin embargo, con la caída (Génesis 3), la imagen de Dios fue distorsionada pero no destruida. El pecado afectó todas las dimensiones del ser humano: mente, voluntad, emociones y cuerpo.
Romanos 3:23 afirma que todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. La corrupción del pecado es universal (Romanos 5:12) y deja al ser humano incapaz de salvarse a sí mismo (Efesios 2:1-3). Solo mediante la obra redentora de Cristo puede restaurarse la comunión con Dios, recuperar la verdadera humanidad, y vivir con propósito eterno.
Desarrollo teológico: Efesios 2:8-9 afirma con claridad que “por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras.” La iniciativa salvífica es divina: el Padre elige (Efesios 1:4), el Hijo redime (Romanos 5:8), y el Espíritu aplica la redención (Tito 3:5).
El arrepentimiento y la fe son frutos del nuevo nacimiento, no condiciones previas (Juan 6:44). Esta gracia transforma radicalmente la vida, justificando al pecador (Romanos 5:1), santificándolo progresivamente (2 Corintios 3:18) y asegurando su glorificación futura (Romanos 8:30).
Desarrollo teológico: Efesios 6:10-18 llama al creyente a estar firmes contra las acechanzas del diablo, equipándose con toda la armadura de Dios. Esta firmeza implica discernimiento espiritual, fidelidad doctrinal y obediencia práctica. No es rigidez ideológica, sino constancia basada en la confianza absoluta en el carácter de Dios.
Permanecer firmes es perseverar en medio de la prueba (Santiago 1:12), no retroceder ante la persecución (Hebreos 10:39) y mantener una esperanza activa en la victoria final de Cristo (1 Corintios 15:58). Vivir sin plan B es una forma de fe radical, basada en la certeza de que Dios es suficiente.
Desarrollo teológico: La Iglesia es tanto universal como local. Compuesta por todos los redimidos de todas las épocas, es descrita como el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:27), Su esposa amada (Efesios 5:25-27), y templo del Espíritu (1 Corintios 3:16).
Su misión abarca la adoración a Dios, la edificación de los creyentes y la proclamación del evangelio (Mateo 28:19-20). Es también columna y baluarte de la verdad (1 Timoteo 3:15). Su unidad no es organizacional sino espiritual, basada en la fe común y la obra del Espíritu. Es enviada al mundo como testimonio vivo del poder del evangelio, llamada a encarnar el amor, la verdad y la justicia del Reino.
Desarrollo teológico: Jesús es el Verbo encarnado (Juan 1:1,14), concebido por el Espíritu Santo y nacido de la virgen María (Lucas 1:35). Vivió sin pecado (Hebreos 4:15), murió en la cruz como sacrificio expiatorio (Isaías 53:5), resucitó al tercer día (1 Corintios 15:3-4), y ascendió a los cielos donde reina y media por nosotros (Hebreos 7:25).
Prometió regresar con gloria (Hechos 1:11) para juzgar al mundo (Mateo 25:31-46), resucitar a los muertos (Juan 5:28-29), y establecer Su Reino eterno de justicia, paz y gozo (Apocalipsis 21:1-4). Esta esperanza escatológica impulsa al creyente a vivir con fidelidad y vigilancia.
Desarrollo teológico: Jesús definió la vida eterna como conocer a Dios y a Su Hijo Jesucristo (Juan 17:3). No es solo duración infinita, sino una calidad de vida fundamentada en la comunión con el Dios trino. Comienza con la conversión (1 Juan 5:11-12) y culmina en la restauración de todas las cosas.
Los redimidos gozarán de una existencia glorificada en cielos nuevos y tierra nueva (2 Pedro 3:13), sin muerte, dolor ni pecado (Apocalipsis 21:4). Los incrédulos enfrentarán separación eterna de Dios (2 Tesalonicenses 1:9). La vida eterna, entonces, es la plenitud del propósito humano consumado en Cristo.
Desarrollo teológico: Toda la Escritura fue inspirada por Dios (2 Timoteo 3:16) y útil para enseñar, redargüir, corregir e instruir en justicia. Fue escrita por autores humanos bajo la dirección del Espíritu Santo (2 Pedro 1:21) y constituye el fundamento para la fe cristiana.
La Biblia revela el carácter de Dios, el drama de la redención y la misión de la Iglesia. Es lámpara para nuestros pies (Salmo 119:105), espada del Espíritu (Efesios 6:17), y alimento para el alma (Mateo 4:4). Su autoridad es absoluta, y su mensaje es suficiente para la salvación, la santidad y la esperanza escatológica.
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